Autor: Laila M. Rey

  • Los muertos en las tripas de Siria

    Los muertos en las tripas de Siria

    Desde la caída de Asad, se han descubierto decenas de fosas comunes con miles de víctimas. Identificarlas llevará décadas —si es que se consigue.

    Okba Mohammad (Periodista) / Laila Muharram Rey (Periodista)

    Najy Al-Saadi tuvo que esperar a que mejorara el tiempo para desenterrar el cadáver de su hijo Suleiman. Cuando salió el sol, empezó a excavar junto a un muro de su pueblo, Alteja, en una zona rural del sur de Siria. Tras la caída del régimen de Asad el pasado 8 de diciembre, un sobrino dijo a Najy que Suleiman estaba enterrado al lado del puesto de control militar que perteneció a la Brigada 121 de la Séptima División del Ejército Sirio, la misma que detuvo a su hijo diez años atrás.

    El 5 de enero, aprovechando que el cielo estaba despejado, el hombre, de 63 años, contrató a varios trabajadores y, sin informar a nadie en el pueblo, alquiló una pequeña excavadora para empezar a buscar los restos de Suleiman.

    —Vimos una pierna y les pedí que detuvieran la excavación. Luego seguimos desenterrando con las manos hasta que apareció una manta militar —relata Najy. Él recordaba claramente la ropa que llevaba su hijo Suleiman el día de su detención, e incluso la última comida que compartieron: arroz con alubias. Continuaron cavando usando las manos y azadas con delicadeza.

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    Publicado el 6 de febrero de 2025.

  • Las mujeres sirias conocen su camino

    Las mujeres sirias conocen su camino

    A través de catorce años traumáticos, las mujeres sirias han creado espacios de resiliencia en las circunstancias más duras para la vida. Huda, Heba y Fadwa son ejemplos de cómo las sirias están liderando proyectos de protección de derechos, desarrollo profesional y rendición de cuentas, tanto dentro del país como en el exilio, determinantes para afrontar un periodo transicional largo y lleno de desafíos tras la caída del régimen de Bashar Al Asad.

    Huda Khayti

    “Lo que más nos preocupaba era el hambre, por eso explicábamos a otras mujeres cómo plantar champiñones — son una fuente rica en proteína en sustitución de la carne— o cómo sacar gas metano de los excrementos de los animales”. Huda Khayti ha tenido tiempo de procesar aquellos días. Sin pausas dramáticas, nos cuenta con fluidez cómo “las mujeres hicieron lo imposible en las circunstancias más duras para la vida” por sobrevivir al feroz asedio que sufrió Douma entre 2013 y 2018 organizando estos talleres que llamaron Economía bajo el Asedio. “En aquellos años creamos cuatro centros en Douma para enseñar a las mujeres profesiones útiles que les permitieran resistir y salir adelante.”

    Khayti trabajaba como funcionaria en el Ministerio de Medio Ambiente en Damasco, tras terminar sus estudios en filología francesa, cuando las protestas populares de 2011 contra la dictadura de Bashar Al Asad se expandieron en muchas ciudades del país con lemas como “Al pueblo sirio no se le humilla”, así como la extrema represión que las seguía. Las noticias sobre detenciones arbitrarias y desapariciones forzosas corrían a voces. En 2013, con 32 años, se enteró de que la seguían los Servicios de Inteligencia y decidió dejarlo todo y huir a la ciudad de Douma, en los suburbios de Damasco, asediada por las tropas de Bashar. 

    “Fui testigo de los ataques químicos de 2013 y 2018 durante el cerco. Los centros que habíamos creado fueron atacados directamente por la aviación rusa. En uno de ellos murió una profesora de inglés y varios de sus estudiantes”. Tras perder a su hermano en un ataque cuando ayudaba a llevar agua a desplazados, Khayti fue una de las personas que se subieron a los autobuses verdes en dirección a Idlib con el fin del cerco en 2018. “Salí pesando 49 kilos con un grave problema de salud, pero me aferraba a la esperanza de que llegaría el momento en que este régimen caería”. Nadie de su familia la acompañó. Todos habían optado por el exilio. En Idlib continuó su trabajo.

    Con la llegada de miles de desplazados internos a la región de Idlib gobernada por Hayat Tahrir al Sham en 2018 (el grupo que expulsó al régimen y tiene el poder de facto del país), las necesidades humanitarias aumentaron exponencialmente. Huda decide crear el Centro de Apoyo a la Mujer en Idlib en el que aún continúa desarrollando su trabajo. “Entre 2018 y 2020 fue muy complicado (la relación con las autoridades). Siempre que presentábamos nuevos proyectos debíamos pedir permisos al Ministerio de Desarrollo y nos hacían muchas preguntas. He llegado a recibir amenazas de muerte. Querían que diéramos una respuesta humanitaria general y no sobre asuntos de empoderamiento político y protección (de derechos). En los últimos años hay más colaboración”.

    Según observaban las necesidades realizaban talleres de educación, desarrollo profesional, consultas legales, apoyo psicológico y social, enfermería y primeros auxilios psicológicos, así como cursos de computación, idiomas, enseñanza del árabe y alfabetización. “Además de nuestra actividad en los campamentos de desplazados, donde trabajamos en el ámbito educativo.” Cada sesión en los campamentos tienen un impacto de hasta 1.000 familias. “Nos hemos centrado en campañas de concienciación, especialmente para la obtención de documentos oficiales para las personas que residen allí”.

    Lo primero que hizo Huda cuando cayó el régimen fue visitar Douma. “Cuando volví me di cuenta del alcance de la catástrofe que habíamos vivido, porque en esos momentos no te das cuenta. Cuando la persecución se endurecía más, yo me decía que era el camino correcto porque todo el país era una enorme cárcel”. Sus sueños ahora son sencillos. “Sueño con reencontrarme con mi familia exiliada, plantar árboles verdes porque hasta sin árboles nos dejaron. Tener una vida normal”. Mientras espera a que su familia regrese, colabora con las familias de los desaparecidos en la búsqueda de cualquier información sobre su paradero, preguntando en las cárceles del régimen depuesto.

    Heba Alqudur

    Entre los años 2011 y 2019, la juventud de Heba Alqudur transcurrió bajo la banda sonora del bombardeo sistemático sobre su ciudad Saraqib, al noroeste de Siria perteneciente a la provincia de Idlib. “Fueron los días más complicados. Teníamos que desplazarnos, dejando nuestras casas por meses, sin electricidad, agua o internet”. Aunque no debe lamentar ninguna pérdida familiar, una amiga suya perdió la vida bajo el bombardeo ruso sobre la ciudad en 2015. 

    “Desde el 2016 hasta el 2019 trabajé con un equipo humanitario porque en esos momentos llegaban muchos desplazado/as de diferentes regiones a los campamentos y había una gran necesidad de trabajo humanitario”. Antes de que volviera a ser reconquistada por el régimen en 2020, el control de la ciudad había pasado por diferentes grupos opositores, aunque el que peor recuerda es el del Frente al Nusra. “Hubo muchas dificultades especialmente porque nos impusieron cómo vestirnos y restringieron libertades y yo en esos momentos iba a la Universidad”.

    Ella y su familia se trasladaron a la ciudad de Azaz, que actualmente está bajo control turco. Es allí donde empieza a trabajar en el campo de apoyo y defensa de las mujeres. “Me ofrecí como voluntaria en una organización llamada Equipo Suriana Al-Amal que fue fundado en 2015 con el fin de apoyar a las mujeres en diferentes regiones. En 2021 asumí el cargo de directora de proyectos.”

    El trabajo de Equipo Suriana Al-Amal se centra principalmente en tres programas dirigidos a mujeres. El primero es el Programa de participación, que busca incentivar la participación de la mujer en diversas áreas de la vida, siendo la más importante la política, a través de campañas de concienciación. El segundo, el Programa de defensa, apoya las iniciativas de las mujeres para respaldar y defender sus derechos. Dentro de este programa, se forman estructuras representativas para las mujeres, como la «Asociación de Trabajadoras en Tierras Agrícolas» y la «Asociación de Mujeres Empresarias». El tercero es el Programa de conocimiento, que se enfoca en construir las capacidades de las mujeres a través de entrenamientos en áreas profesionales, administrativas y tecnológicas, entre otras. 

    El Equipo Suriana Al-Amal ha producido numerosos estudios e informes para documentar la lucha feminista siria, así como un estudio sobre los roles de las mujeres en los países árabes y el trabajo de las defensoras de derechos humanos. Después de la caída del régimen de Asad, el Equipo Suriana Al-Amal ha ampliado su trabajo con mujeres y jóvenes en zonas recién liberadas como Alepo. El enfoque se centra ahora en las relaciones y en conocer a las activistas de la ciudad. Preguntada por la relación que mantiene el Equipo Suriana Al-Amal con las autoridades de facto, Heba asegura que “en Alepo hemos notado un desarrollo en el trato con la organización, hay cooperación y coordinación”. 

    Fadwa Mahmoud

    “Llevábamos muchos años esperando la apertura de las cárceles. Estábamos esperanzados de que nuestros seres queridos estuvieran dentro, pero después de que se abrieron, no salieron, ni supimos nada de ellos”. Activista política y civil, Mahmoud es conocida por su lucha por la libertad y los derechos humanos. Fue detenida en varias ocasiones debido a su afiliación con el Partido Comunista Sirio. En 2012, su esposo, Abdulaziz Al Khair, y su hijo, Maher Tahan, fueron detenidos por el régimen sirio y desde entonces ella ha estado luchando para encontrarlos. 

    Al Khair era miembro de un partido prohibido en Siria y volvía de una conferencia política en China. Su hijo Maher había ido a recogerlo al aeropuerto de Damasco. “A las 17:05 mi hijo llamó para decirme que estaba esperando a Abdulaziz, pero sentí en mi corazón que algo iba mal. Había algo diferente en su voz. Una inquietud”.

    Llamó diez minutos más tarde pero la llamada nunca entró. “Me mantuve ocupada, cocinando, dejando todo preparado encima de la mesa. Pero por dentro lo sabía. Iba hacia el balcón para ver si era posible verlos aproximarse a la casa. Pero a las 20:00 seguían sin llegar y entonces supe que habían sido detenidos”.

    Poco después Fadwa Mahmoud tuvo que huir. En el exilio fundó Familias Sirias por la Libertad, una organización formada por familiares de desaparecidos forzosos que demanda justicia y respuestas. Durante estos años, cuando la cobertura sobre Siria era residual, viajaban por el mundo con un autobús empapelado con fotografías de sus seres queridos, para que la opacidad que reinaba en Siria no se trasladara también al ámbito internacional. Sus voces eran el único altavoz de miles de familias en Siria que no se atrevían a hablar. 

    Ahora no tiene pensado volver. Dice que es pronto. Denuncia en redes sociales que las nuevas autoridades en Siria no se han comunicado con las familias de los desaparecidos. Según la Red Siria de Derechos Humanos, tras la liberación de los prisioneros hay todavía 112.414 detenidos, desaparecidos o cuyo destino es desconocido, lo que es un número alarmante para las familias. “Continuaremos nuestra lucha para conocer el destino de nuestros seres queridos, y nada nos detendrá, incluso si todos se cansan o se aburren. La madre, la hermana y la esposa no olvidarán al hijo, al hermano y al esposo, y nosotros seguiremos exigiendo la verdad hasta nuestro último aliento.”

    Publicado en la Revista de Comisiones Obreras en el mes de febrero 2025.

  • Gritar sus nombres: Siria tras Asad

    Gritar sus nombres: Siria tras Asad

    Desde el año 2011 la impunidad crecía en Siria hasta parecer invencible; ahora los ciudadanos empiezan a perder el miedo

    Estoy en Homs por primera vez en 11 años. Quien quiera venir es bienvenido», escribe mi primo Akram en su red social. Suha publica la foto de Ahmad, su hijo asesinado el 1 de Ramadán de 2011 mientras grababa manifestaciones: «Ojalá estuvieras aquí. Hemos conseguido lo que tanto anhelabas». Otra prima, Nagham, recuerda a su padre: «Hoy es el aniversario de tu muerte papá, pero por primera vez no estoy triste, estoy muy feliz. Se ha ido, papá. Ha llegado el día del que tantas veces nos hablaste».

    Por primera vez entro en Facebook sin miedo a encontrarme vídeos de bombardeos, rescates de niños entre los escombros o velatorios de seres queridos. Entro para creérmelo. Bashar no está y mis primos han sobrevivido. Aunque no todos. Por primera vez escriben, y escriben mucho. Es abrumador. Publican sus fotos con las banderas de la revolución. A cara descubierta. Dentro y fuera de Siria. Yo misma tecleo sus nombres con miedo. Es la primera vez. La primera vez que escribo sus nombres reales. Sin seudónimos. Akram, Suja, Nagham. Me gustaría abrir la ventana y gritárselos a la gente que cruza la calle.

    Durante las más de cinco décadas que ha durado la dinastía Asad en el poder, el silencio y el anonimato han sido los únicos refugios posibles para el pueblo sirio. También ha sido el mío. En la mayoría de los artículos que he publicado estos trece años he reducido mi apellido a una M, por miedo a poner en peligro a mi familia en Siria. Muchos otros dentro y fuera de Siria hacían lo mismo: las cuentas que he seguido durante trece años eran perfiles sin rostros. Pero eso está cambiando.

    Instantes de incredulidad

    La mañana del domingo 8 de diciembre de 2024 despertamos con la noticia de que Asad había huido. ¿Cómo era posible que después de trece años de barbarie, tantas muertes, tantos desplazamientos, tanto dolor, todo se hubiese precipitado en apenas dos semanas? No era fácil procesarlo. Leo en una red social a una activista: «Por fin puedo decir que soy siria a secas, sin la palabra refugiada».

    Escribí a mis compañeros sirios de Baynana, un medio de comunicación fundado por ellos, y me informaron de una manifestación improvisada frente a la embajada en Madrid. Salimos del metro Banco de España y nos unimos a una marea de cientos de personas vestidas con trajes tradicionales peruanos que conmemoraban la batalla de Ayacucho. Pero parecía que celebraban con nosotros. Al llegar pisamos otra vez ese césped, frente a la embajada, que habíamos desgastado durante tantas y tantas manifestaciones durante estos trece años. Todavía recordaba el miedo de la primera vez, las advertencias de que no fuéramos, que dentro de la embajada había agentes de la Mujabarat que grababan a los manifestantes.

    El miedo dejó paso a la rabia cuando mataron a mi primo Adnan en agosto de 2011. Solo tenía 27 años. Yo estaba en Siria cuando él empezó a grabar la represión del régimen durante las manifestaciones en Homs. La última vez que le vi le convencí para que compartiera conmigo el material que había grabado. Hizo una copia y me entregó el USB. Las imágenes eran terribles: jóvenes ensangrentados eran trasladados a hombros a hospitales clandestinos. Crucé el control del aeropuerto con el pendrive escondido entre la ropa. Cuatro meses después un francotirador le disparó en la cabeza mientras grababa una manifestación el primer día de Ramadán. A él lo trasladaron directamente a la morgue.

    El mensaje era claro. No querían testigos. Usé su material para denunciar su muerte. Abrazos. Muchos abrazos frente a la embajada. Muchas caras conocidas que nos han acompañado todos estos años. Tanto sirios como no sirios. Algunos hacía mucho tiempo que no los veía, desde 2011. Entonces portábamos banderas. Ahora a nuestros hijos sobre los hombros. Se oyen gritos. Miramos a la embajada y la ventana se abre. Un sirio ha conseguido acceso. Se escuchan aplausos. El joven tira de la cuerda y la bandera oficial siria cae el suelo. Sobre el balcón ata la bandera de la revolución.

    Trece años de trauma

    Siria ha marcado mi biografía desde que la visitara por primera vez en 2005. Por ella estudié árabe y quise dedicarme al periodismo internacional. Por ella pasé cinco años en Jordania, visitando campos de refugiados como el de Za’atari, el más grande de Oriente Medio. Por ella me desplacé a hospitales y hablé con heridos de los trágicamente conocidos «barriles explosivos». Cada una de las historias que compartieron conmigo, hombres y mujeres en el peor momento de sus vidas, me ayudaron a contar las terribles consecuencias de la guerra.

    Pero el mundo miraba hacia otro lado y esa desidia resultaba traumática. Como ahora en Palestina. Desde el año 2011 hemos presenciado cómo la impunidad crecía, se hacía fuerte, parecía invencible. Una impunidad contagiosa de la que empezaron a disfrutar otros autócratas. Putin ensayó su guerra de Ucrania en territorio sirio. Estados Unidos movía sus hilos con los grupos islamistas, Irán y Hizbulá defendían a Bashar… ¿pero quién contaba lo que padecían los sirios? Tras los primeros meses de las primaveras árabes, volvió el apagón informativo. Siria se convirtió en el país más peligroso para los periodistas. Era más fácil explicarlo todo desde el ámbito geoestratégico y relegar la agenda local a la irrelevancia. El pueblo sirio no poseía su propia narrativa.

    Pero han empezado a hablar. A salir de los rincones de sus casas. A ocupar las plazas. El objetivo ahora es que permanezcan en ellas. La prioridad es encontrar a los miles de desaparecidos en las cárceles y que el grupo Hayat Tahrir al Sham, que ha liderado la expulsión del régimen, conduzca al país a la liberación de todas las opresiones internas y externas. El futuro está lleno de incógnitas y amenazas, pero en la memoria de Adnan y de todos los jóvenes que dieron su vida por la libertad, los sirios tienen derecho a soñar.

    Desde España podemos seguir permitiendo que nos expliquen la región desde dos ejes ideológicos en guerra o escuchar a los sirios que se liberan. Necesitamos poner el foco en las personas. Los sirios de Baynana, Leila Nachawati y tantos otros periodistas árabes que han cubierto la región todos estos años merecen ser escuchados. Dejen que ellos les cuenten su historia. Es hora de que conozcan sus nombres.

    Publicado en El Independiente el 23 de diciembre de 2024. Puede consultarlo a través de este enlace.

  • Sobrevivir a las prisiones sirias

    Sobrevivir a las prisiones sirias

    El régimen sirio ha instaurado una política de torturas en las cárceles para apuntalar su poder. Cuatro de los supervivientes relatan lo que vivieron.

    Okba Mohammad (Periodista) / Laila Muharram Rey (Periodista) / Amany Al- Ali (Ilustradora)

    “Tumoración de consistencia ósea debido a traumatismo con objeto contuso, ausencia de piezas dentales, deformación de los dedos, cicatrices en ambas muñecas compatibles con uso agresivo de esposas”. Agosto de 2022. Zaragoza. Una buhardilla a media mañana. Ammar Saber abre la nevera y reparte varias botellas de agua. El informe médico que nos muestra documenta al detalle la huella de las torturas en su cuerpo. Es su carta de presentación. 

    —Lo peor de todo son las pesadillas. Porque es como volver allí.

    Desde que llegó a España a través de Melilla el 7 de junio del 2017, Saber, de 40 años, recibe tratamiento psicológico para superar el trauma de su estancia en la cárcel subterránea del Servicio de Inteligencia Aéreo, situada dentro del aeropuerto de Mezzeh, en Damasco. Hasta ahora no había hablado de lo que vivió en prisión, pero ha decidido contarlo todo. Dice que, tras años sin pegar ojo, se sintió preparado para hablar la noche que consiguió dormir del tirón. 

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    Publicado el 11 de mayo de 2023

  • Baynana o cómo tratar el tema migratorio desde dentro

    Baynana o cómo tratar el tema migratorio desde dentro

    Texto previamente publicado en la sección La Algarrada de Villaverde, del Periódico Distrito Villaverde.

    Hace unos meses nació Baynana, el primer medio creado por refugiados sirios que llegaron hace dos años a España tras dejar atrás un país que, como sabéis, sufre una guerra que parece no tener fin. Ayham, Moussa, Okba y Muhammad aspiran a ofrecer información de utilidad a la comunidad arabófona en España y, al mismo tiempo, tender puentes entre las personas migrantes, refugiadas y españolas de origen extranjero y el resto de la población.

    “Baynana” significa “entre nosotros” en el sentido más amplio de la palabra: “nosotros” somos todos, no hay un “otros” o “ellos”. El espíritu del medio no es solo mostrar distintos puntos de vista sobre la realidad de las personas migrantes, sino también combatir los estereotipos sobre el mundo árabe.

    En sus propias palabras: “Cuando llegamos a España nos encontramos con un sitio acogedor en el que la gente nos dio la bienvenida, pero también experimentamos ese discurso de odio contra quienes, como nosotros, han nacido en otro lugar o tienen distinto tono de piel. Nos dijimos que era necesario un medio en el que todos pudiéramos sentirnos representados.”

    El proyecto se ha construido con pocos recursos materiales pero con muchas ganas. Tuve la oportunidad de reunirme con ellos para estudiar posibles formas de colaboración. Ayham estudió Literatura Árabe en la Universidad de Damasco y combina su trabajo de periodista con el de profesor de árabe. Moussa es el reportero y fotógrafo de Baynana y tiene una larga experiencia cubriendo el conflicto en su país para agencias locales de noticias. Okba, además de cubrir el conflicto como periodista, documentó violaciones de derechos humanos, y Mohammad está especializado en conflicto bélico y asuntos sociales y políticos en Oriente Medio.

    Charlar con ellos es como viajar a Siria sin necesidad de coger un avión. Sus caras, a pesar de toda la tragedia que arrastran, reflejan la ilusión por mantener a flote el propósito de sus vidas: seguir desarrollando un periodismo comprometido, que está desapareciendo de la prensa tradicional y que nadie desea financiar; sin abandonar nunca la idea del regreso como muchos de los protagonistas de sus reportajes.

    Baynana es una revista bilingüe (en árabe y en español) que trata de desarrollar un periodismo pausado. Entre los temas que ya han abordado se encuentran las historias de migrantes que gracias a su regulación pueden abrir un negocio en España, el drama de las mujeres marroquíes vecinas de la Cañada Real o el aroma árabe de los platos considerados más típicos y emblemáticos de la cocina española.

    El desafío para hacer sostenible el proyecto es, como les decía intentando no desanimarles, como subir el Everest. Los medios de comunicación en nuestro país no pasan por su mejor momento y muchos de los periodistas más emblemáticos han debido reinventarse y adaptarse a las nuevas circunstancias. Baynana ha empezado su travesía a través del apoyo incondicional de la Fundación PorCausa y un crowdfunding en Goteo, pero van a necesitar mucho más apoyo de personas que sientan como suyos sus valores e inquietudes.

    En el contexto actual, el tratamiento mediático de la migración se da abrumadoramente en términos de amenaza y peligro. Afortunadamente, también existen varios medios que están produciendo informaciones respetuosas y sensibles que tratan de cambiar a mejor la percepción social sobre la migración, pero se echa de menos una perspectiva desde dentro. Esta es la perspectiva de Baynana.

    Si quieres colaborar, puedes hacerlo en donaciones.porcausa.org.
    Para visitar la revista, entra en baynana.es.

  • Diez preguntas que debe hacerse tu ONG antes de publicar contenido de interés general

    Diez preguntas que debe hacerse tu ONG antes de publicar contenido de interés general

    La semana pasada Médicos Sin Fronteras publicaba Poco, tarde y mal: El inaceptable desamparo de los mayores en las residencias durante la COVID-19 en España.

    En las 84 páginas de este informe, la ONG explica en detalle lo que encontró en las casi 500 residencias a las que dio apoyo al personal durante el pico de la pandemia. Pero es algo más. Es una radiografía que indaga en cómo se gestionan las residencias de nuestro país y cómo se coordinan las diferentes Administraciones.

    No voy a detenerme en analizar el contenido, aunque recomiendo leerlo encarecidamente. En este post quiero abordar el proceso de edición de un informe. Vamos a sustraer del contenido de MSF lecciones muy valiosas acerca de cómo las ONG pueden, incluso con recursos limitados, publicar información de interés general que suscite el debate público.

    Sé lo que estáis pensando. “Pero ¿cómo se hace eso?” “Estás poniendo de ejemplo una organización que tiene infinidad de recursos y nosotros somos una ONG pequeña” “No tenemos penetración geográfica suficiente para realizar labores de incidencia de esa magnitud”.

    Pues sí y no. Sí, el mundo del tercer sector es desigual. Las ONG grandes tienen más capacidad para implementar estrategias de comunicación potentes, con recursos y herramientas que no están al alcance de cualquiera. Pero no, no es cierto que una ONG pequeña/local no pueda hacer incidencia. De hecho, es precisamente tu conocimiento de lo local y tu especialidad temática lo que puede y debe posicionarte. Tu enfoque y experiencia son relevantes.

    Vamos con las preguntas.

    ¿Cómo puede una ONG pequeña generar contenido de interés general?

    En primer lugar, la pregunta clave en torno a la cual deben girar las demás:

    1. La razón. ¿Es el contenido de mi publicación de interés general?

    Según La Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de Régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo, se entiende por interés general “lo razonablemente común a los miembros de una sociedad democrática, la actividad que genera sustancial o predominantemente beneficios externos a personas ajenas a las directamente relacionadas con los fundadores”.

    ¿Está obligada una organización sin ánimo de lucro a publicar contenido que trascienda sus propios intereses? No. ¿Es recomendable que las organizaciones aspiren a abordar problemas reales que trasciendan sus intereses? Mi opinión es que sí, ya que son organizaciones creadas para aliviar problemáticas sociales. Me refiero a la diferencia que existe entre comunicación institucional y comunicación con impacto social.

    En la comunicación institucional, la organización se limita a presentar los resultados de tal proyecto o lo rápido que ha ejecutado tal acción con el objetivo de promoción y/o captación de fondos. Pero la comunicación que busca el impacto social requiere identificar, seleccionar, contrastar fuentes y testimonios, necesita tiempo y análisis y su prioridad es generar una transformación, ya sea cambiando hábitos perjudiciales en beneficio del interés general o identificar fallos en la gestión de recursos. El informe de MSF es un buen ejemplo de esto último.

    2. El objetivo. ¿Para qué quiero publicar el informe?

    Antes de publicar tu contenido, es recomendable preguntarnos para qué. Parece una tontería, pero las organizaciones se precipitan en ocasiones a la hora de informar. La presión de la actualidad o la dirección sin rumbo en la estrategia genera incoherencias entre los objetivos generales de la organización y el plan de comunicación. Es necesario armonizar el contenido que publicamos con los objetivos propuestos en la planificación anual.

    3. El equipo humano. ¿Cuento con un equipo de comunicación formado y con trayectoria? ¿Dispongo de portavoces?

    Publicar un informe de interés general requiere personal capacitado tanto en el proceso de desarrollo del informe como para hablar con medios de comunicación. El portavoz debe sintetizar y utilizar un lenguaje sencillo que alcance al mayor número de personas dentro de nuestro público receptor.

    4. Las fuentes. ¿Son mis fuentes públicas y contrastables?

    Los buenos informes manejan datos tanto de fuentes públicas como de sus propias fuentes. En el caso del informe de Médicos Sin Fronteras encontramos datos recogidos de Envejecimiento en Red, Ministerio de Sanidad, la Generalitat de Catalunya, Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, RTVE… fuentes al alcance de todos. Al mismo tiempo, también han sustraído datos de sus propias intervenciones.

    5. Los datos. ¿Está mi sistema de recopilación de datos sistematizada?

    ¿Es fácil recoger datos de las intervenciones? No, requiere coordinación y anticipación. Hay muchas organizaciones cuya base social son voluntarios. Son imprescindibles porque aportan su tiempo y sus capacidades, pero en ocasiones el “entrar y salir” impide la consolidación de un sistema que agilice y sistematice la información.

    6. Los testimonios. ¿He recogido testimonios de todas las partes implicadas?

    Los informes de interés general deben tener todas las características esenciales del periodismo: rigor, credibilidad, precisión… y los testimonios son fundamentales. Un buen informe siempre recogerá los testimonios de todas las partes implicadas en el asunto. Quien declina testificar debe aparecer en el informe porque el silencio también comunica. En el informe de Médicos Sin Fronteras encontramos testimonios del personal sanitario, directores de residencias, trabajadores sociales, de gerencias territoriales, de Servicios Sociales, de expertos, del propio equipo de MSF…

    7. Los mensajes clave. ¿Tengo claros los mensajes clave que quiero destacar de todo el contenido?

    Por muy buen informe que hayas elaborado, por muchas fuentes que hayas consultado y por muchos datos que manejes… sintetizar en mensajes clave es trascendental. ¿De qué sirve mandar a la ciudadanía multitud de datos que no pueden interiorizar? Los datos hay que masticarlos, digerirlos y convertirlos en píldoras que sean fácilmente comprensibles para el ciudadano medio.

    8. La coordinación. ¿Tengo centralizadas las labores de comunicación de mi organización?

    Una vez hemos conseguido consolidar un sistema de recogida de datos fiable, transparente, eficaz… llega el momento de centralizarlo en el departamento de comunicación y en su responsable. Esta será la persona encargada de recibir todos los datos, contrastarlos y seleccionar aquellos que sean relevantes para lo que el informe quiere transmitir.

    9. La planificación. ¿He elaborado un plan de comunicación para dar difusión al informe?

    Y una vez que tenemos todo esto… llega la hora de darle difusión. Darle difusión no se trata de escribir una nota de prensa y mandar a todos los medios de comunicación que tenga nuestra base de datos. Se necesita filtrar aquellos medios más relevantes, tanto por la temática del informe como por su influencia, con el objetivo de que cause el impacto social deseado.

    10. La difusión. ¿A qué medios de comunicación voy a enviar la información y por qué canales voy a distribuirlo?

    ¿Dónde queremos que ocurra el cambio? ¿Queremos que sean las propias instituciones las que transformen su modo de gestión? Mandemos el informe a las instituciones a las que queramos llegar o incluso mejor, reunámonos con ellas en persona. ¿Queremos un cambio de conducta por parte de los ciudadanos? Entonces acerquémonos a los medios de masas. Los canales también son trascendentales, ya que habrá que adaptar los mensajes clave a cada formato. No es lo mismo Twitter que Instagram o un boletín de radio que un pódcast.

    Espero haberte dado algunas claves sobre cómo realizar un informe que sea relevante, que tenga impacto social y fomente el debate público en torno a las necesidades y prioridades de la ciudadanía.

    Si quieres que te ayude a formular un informe de interés general, atrévete a cruzar mi puente.

  • Los veranos de patio, tabuleh y airan

    Los veranos de patio, tabuleh y airan

    Ha llegado el verano, y con él un calor espantoso que quita el hambre e invita a la siesta. Los madrileños huimos despavoridos a las playas de Cai para quitarnos el bochorno a ritmo de Niña Pastori, que nos habla de patios y macetas, de nuestra hermosa herencia andalusí. En el mundo árabe, sin embargo, muchos no tienen acceso al mar, y con la llegada de la estación estival son los interiores de las casas los que se transforman.

    Echo de menos mis veranos en Siria. Por entonces envidiaba a mis amigas con apartamentos en Benidorm que venían tostadas del sol en septiembre, mientras yo volvía más blanca que la leche. ¡Y qué calor! Mi familia me hospedaba donde podía, y no siempre eran los rincones más frescos de la casa. Nuestras vidas giraban en torno al aire acondicionado durante el día y junto al aparato antimosquitos eléctrico por las noches, que hacía un ruido espeluznante cuando los susodichos se acercaban a la inquietante luz.

    Por eso, el mejor momento del día se daba tras la puesta de sol, cuando nos preparábamos para las visitas. Por fin mis primas y yo podíamos barrer las hojas que habían caído al patio, colocar las sillas en círculo, pasar el trapo a los pequeños taburetes de plástico donde depositar las tazas de café y sumergirme en los olores que venían de la cocina y en las canciones de Um Kulzum.

    El verano era ese patio que bullía de vida con la llegada de los parientes: niños que gritan y corretean de un lado a otro, humo de cigarros, ruido de tacones que van y vienen, tazas y tazas de café que se acumulan en el fregadero. En ocasiones, especialmente en Ramadán, se preparaban auténticos banquetes y se repartían platos con warak inabkebbe, macarrones y patatas fritas. A veces había tanta gente que te tocaba comer de pie y rezar para que no cayera nada al suelo.

    Mientras sorteaba las preguntas incómodas (¿eres musulmana? ¿Vas a casarte con un musulmán? ¿Todavía no sabes árabe?), me concentraba en disfrutar de la comida y exponerme al acento local todo lo posible. Pero lo que más me gustaba era refrescarme con un buen plato de tabuleh y un vaso de airan.

    El tabuleh es un entrante compuesto por bulgur, perejil, tomate natural, menta fresca, cebolla, aceite, zumo de limón y/o vinagre y sal. En ocasiones se echa comino, pimienta negra o incluso canela. En casa de mis primas se preparaba en cantidades tan ingentes que utilizaban barreños para almacenarlo y meterlo en la nevera. Se sabe que lo elaboraban ya en tiempos de los caldeos, en la zona entre el Tigris y el Éufrates, y que ha viajado por la dinastía omeya, pasando por varias regiones del Mediterráneo hasta llegar a Al-Ándalus.

    El airan, por otro lado, es una bebida hecha con yogur, agua, ramitas de menta fresca, ajo, sal y dos o tres cubitos de hielo. Es una bebida clásica de los beduinos del Asia Menor y se suele ofrecer a los invitados nada más llegar para refrescarse del asfixiante calor del desierto. ¡Podéis encontrar las recetas fácilmente buscando en Internet si habéis decidido quedaros en Madrid este verano!

    Yo por mi parte prepararé tabuleh y airan con esa melancolía pegajosa de los veranos que dejé en Siria, alegrándome de que cobrarán sentido con el tiempo y atesorándolos como lo mejor de aquellos años que ya no volverán.

    Artículo publicado en la edición de julio 2020 del Periódico Distrito Villaverde.

  • Ibn Arabi y el color del agua

    Ibn Arabi y el color del agua

    Hubo un tiempo en el que rechazaba a mi prójimo si su fe no era la mía. Ahora mi corazón es capaz de adoptar todas las formas: es un prado para las gacelas y un claustro para los monjes cristianos, templo para los ídolos y la Kaaba para los peregrinos, es recipiente para las tablas de la Torá y los versos del Corán. Porque mi religión es el Amor. Da igual a dónde vaya la caravana del amor, su camino es la senda de mi fe.

    Si me atrevo a hablar de Ibn Arabi no es porque tenga un extenso conocimiento de su obra, sino para despertar la curiosidad en los lectores tal y como este enigmático místico, pensador y poeta musulmán ha despertado en mí.

    Y es que Ibn Arabi es un gran desconocido para la mayoría de los mortales. Nace en la Murcia de 1165, en los últimos tiempos de la edad dorada del islam, en el seno de una familia de un alto mando militar al servicio de Ibn Mardanis —conocido como el Rey Lobo—, que hizo prosperar la ciudad tanto a nivel político como comercial.

    Con la caída en desgracia del gobernante, la familia de Ibn Arabi se desplaza a Sevilla, y es allí donde Ibn Arabi aprenderá de retórica, leyes, poesía y a recitar el Corán. Su vida da un giro cuando de manera abrupta el místico, como él mismo contó después, escucha una voz que le insta a seguir el camino por el que ha sido creado. Éste será el del retiro espiritual del asceta.

    A partir de entonces comienza un recorrido vital apasionante que se desarrollará en la senda sufí. El sufismo, ahora tan denostado, es la corriente mística del islam, donde se considera que Dios puede ser hallado en cualquier forma o creencia.  El sufismo, además, tiene su eje en la búsqueda interior de cada uno. Es decir, defiende que el camino hacia Dios no se encuentra fuera, sino dentro de nosotros.

    Cuentan que Ibn Arabi se reunió con otro de los grandes de la época, Averroes, en una Córdoba llena de jardines, cascadas y lagos artificiales. El filósofo y médico andalusí se quedó fascinado por la profunda sabiduría del jovencísimo Ibn Arabi. A partir de la muerte de sus padres, abandonará Sevilla y emprenderá un viaje sin retorno por todos los dominios del islam.

    En Fez se nutrió de nuevos conocimientos en lo que fue la primera universidad del mundo, que atraía a estudiantes de todos los rincones. Túnez, Alejandría, Meca y Medina, Mosul, Anatolia… durante 20 años se va en busca de los grandes maestros (¡y maestras!) de su tiempo. Se acaba instalando en Damasco durante sus últimos 17 años, donde aún hoy yace su tumba.

    Además de un viajero infatigable también fue un incansable escritor. Basándonos en los títulos de dos listas que dejó, se puede decir que Ibn Arabi escribió unas 300 obras. Sin embargo, el número de las hoy conservadas oscila entre 75 y 100, algunas de ellas muy largas y otras cortas. Sus obras más conocidas son Los engarces de las sabiduríasLas iluminaciones de La Meca y El intérprete de los deseos. Para saber más, visitad ibnarabisociety.es.

    Es en Ibn Arabi donde vemos que, a pesar de las inclinaciones más rigoristas en torno a la fe, la experiencia espiritual no es uniforme ni reduccionista, sino que puede revelarse en múltiples formas, tal y como el color del agua, dirá Ibn Arabi, es el color de su recipiente. Por eso hay que reconocer a Allah en todos sus credos. Que las sabias palabras de Ibn Arabi nos acompañen en esta época donde parece que la visión monocroma se nos impone.

    Atrevámonos a adoptar todas las formas.

    Artículo publicado en la edición de junio 2020 del Periódico Distrito Villaverde.

  • El ciberacoso en los tiempos de la revolución

    El ciberacoso en los tiempos de la revolución

    Hace nueve años por estas mismas fechas sufrí una catarsis de cuyas consecuencias aún no me he recuperado. Vivía en Siria, y la vida no podía ser más bonita: me levantaba temprano para tomar café turco y yogur cremoso en la terraza de mi casa en Homs, miraba a las palomas dar vueltas por el cielo y oía a los vendedores ambulantes gritar el precio de los tomates y las bombonas de gas desde sus camionetas mientras estudiaba árabe hasta la hora de comer.

    Por la tarde visitaba a mi familia: tantos primos de sangre tengo que en ocasiones me costaba recordar sus nombres. Sobremesas llenas de dulces artesanales: de nata, de pistacho, de chocolate; más café, conversaciones en dialecto y, en ocasiones, silencios que cortaban el aire.

    Pero todo eso acabó cuando empezó la revolución. Y después de unas cuantas lágrimas que creí no tenía derecho a verter hasta pisar suelo español, unas cuantas despedidas de personas que ya nunca volveré a ver y un avión que me alejaba hasta el día de hoy de una tierra en la que fui inmensamente feliz, mi cuerpo llegó a Madrid, pero mi alma se quedó allí.

    El único consuelo se encontraba en las personas que también parecían vivir, pero no vivían; pendientes como yo de que aquel primo asegurara su anonimato publicando cierto vídeo, o de que este otro haya conseguido cruzar la frontera o que ése tan activo haya vuelto sano y salvo de aquella funesta manifestación. Pero no volvieron. Y el silencio que dejaban era atronador.

    Y fue así, en la desesperación y en la impotencia, que fui forjando alianzas entre amigos que tenían como yo lazos de sangre con la tierra de la revolución. Y como nuestros primos hacían, salíamos a la calle y gritábamos lo mismo que gritaban ellos. Cada día entrábamos a nuestras redes sociales y hablábamos de ésos a los que conocíamos, de por qué estaban arriesgando sus vidas y de por qué el mundo no podía fallarles.

    Entre esas voces que en España no cedieron a la impotencia, a la desesperación, ni se rindieron cuando el mundo entero nos daba la espalda y se cruzaban todas las líneas rojas y los muertos se contaban por miles, hay una mujer que se expuso ante el foco mediático: Leila Nachawati. Escribió artículos firmando con su nombre aun a riesgo de que sus familiares sufrieran allí las consecuencias, fue a los platós de televisión a contar que no todo era geoestrategia y utilizaba las redes para denunciar las peores atrocidades al mismo tiempo que mantenía el contacto con los que aún seguían aguantando en Siria.

    Ese foco mediático era indispensable para que, por lo menos, la gente conociera la verdad. Para que con el transcurso de la historia la narrativa de los hechos no fuera la de los que vencieron por la fuerza. Mención especial merecen aquellos periodistas (Antonio Pampliega, Ricardo G. Vilanova, Javier Espinosa, Mónica G. Prieto…) que lo arriesgaron todo para ser testigos directos de ese sufrimiento y casi no lo cuentan.

    Pero había ese otro tipo de silencio que intentaba imponerse desde las redes sociales, un ciberacoso especialmente intenso en Twitter y que se enfocaba en Leila por ser mujer, por ser activa y por mantener un discurso alejado de las dicotomías. Uno de mis pasatiempos favoritos era pasarme por su cuenta y denunciar a todos aquellos que lanzaban insultos y amenazas a su persona. Y Twitter me daba la razón, aunque el bloqueo a sus cuentas solo duraba unas horas.

    Así que en 2016 decidió que todo lo que estaba haciendo no era suficiente y publicó una novela, que ahora ha quedado finalista en la III Edición de Rodando Páginas y con un poco de suerte la vemos en la gran pantalla (cruzamos los dedos): Cuando la revolución termine. Gracias por todo, Leila.

    Artículo publicado en la edición de marzo 2020 del Periódico Distrito Villaverde.

  • Un febrero perfumado para romper estereotipos

    Un febrero perfumado para romper estereotipos

    Quien tome a diario yema de huevo en ayunas o quien la coma con cebolla picada durante tres días, verá crecer su apetito sexual. Quien hierva espárragos y después los fría con manteca, vertiendo encima yema de huevo con especias aromáticas molidas, y lo tome habitualmente, verá redoblada su potencia sexual y enardecida su voluntad de copular.

    ¿De dónde creéis que he sacado este párrafo? ¿Quizá de un artículo encontrado en Google sobre remedios para tratar la disfunción eréctil? ¿O los consejos de algún chamán cuya propaganda aparece en el parabrisas de nuestros coches? Pues no. Ni del aquí ni del ahora. Estas palabras provienen del siglo XV de la pluma de Al-Nafzawi; un sabio, un alfaquí musulmán, un doctor en las ciencias del matrimonio que vivía en lo que hoy es el sur de Túnez y autor de una de las joyas de la literatura árabe clásica en su género erótico: El jardín perfumado.

    Si alguien todavía pensaba que en el mundo árabe-musulmán solo ha existido el salafismo, el yihadismo y todos esos conceptos ideológicos retrógrados que han ocupado desgraciadamente muchos espacios informativos durante las últimas décadas, os sorprenderá descubrir que el género erótico clásico es especialmente rico en la literatura árabe.

    Y es que la riqueza cultural y la capacidad de crear no son excepciones en la cultura árabe, sino que han sido, desde sus orígenes, su verdadera esencia. La erotología es un género que se remonta a los primeros tiempos del califato abasí y que ha seguido durante siglos, dando como resultado una serie de tratados, relatos, anécdotas y poemas dedicados a la erótica vista desde el mundo árabe.

    Según el prólogo detallado y extenso de Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, realizado por los traductores Ignacio Gutiérrez de Terán y Naomí Ramírez Díaz, El jardín perfumado responde “al texto de asueto e instrucción que tanto predicamento alcanzaron en los palacios y salones de los ámbitos aristocráticos y acomodados de las urbes musulmanas de la época medieval, desde Bagdad a la propia Túnez”.

    Y es que, al contrario de lo que pasa hoy en día, donde todo es tabú y se censura —este libro está prohibido por los ulemas más rigoristas, y si se hallase en público podría ser quemado—, en aquellos tiempos existía una liberalidad basada en el precepto islámico “No hay vergüenza en la religión”, que viene a decir que nadie debería sentirse avergonzado de aprender todo tipo de conocimiento.

    Durante la lectura de este libro podréis encontrar, entre cosas, listados de los nombres que se utilizaban para mencionar los órganos reproductivos, de las posturas del acto sexual e incluso afrodisiacos para potenciar su apetito, como el extracto que abre este artículo.

    El libro, sin embargo, respira un falocentrismo recalcitrante, siendo preocupante la visión de que las mujeres están “siempre deseosas de un miembro viril de buen tamaño”. Esa y otras ideas del imaginario musulmán acerca de la mujer han provocado, según la feminista árabe Fátima Mernissi, ese empeño de la jurisprudencia en sojuzgarla.

    ¿Es por tanto un libro que reforzó estereotipos que no tenían nada que ver con la realidad? Espero que, por lo menos, su lectura en la actualidad nos ayude a deshacernos de nuestros propios prejuicios occidentales.

    Artículo publicado en la edición de febrero del Periódico Distrito Villaverde.