Autor: Laila M. Rey

  • Mujeres (árabes) que están cambiando el mundo

    Mujeres (árabes) que están cambiando el mundo

    Hace casi diez años escribí un artículo en mi blog que se titulaba Mujeres que están cambiando el mundo. Inspirada en el libro que una profesora nos recomendó leer en el instituto —El don de arder, de Ima Sanchís—, me dediqué a recopilar el nombre y la historia de diez mujeres que yo consideraba estaban reescribiendo con tinta indeleble el esbozo que el destino había preparado para ellas.

    Al hacerlo, no solo transformaban sus trayectorias vitales, sino que influían en el devenir del mundo. Con una nueva década a la vuelta de la esquina, quiero hablaros de tres mujeres del mundo árabe —entre muchas otras— que me han inspirado profundamente a lo largo del año.

    Empiezo con Alaa Salah, que en el momento de escribir estas líneas está de visita por Madrid contándonos de primera mano cómo ha vivido la revolución en su país, Sudán. Espero que recordéis una foto que se hizo viral de una mujer vestida con una túnica blanca, de pie sobre el techo de un coche, cantando a una multitud que la graba con sus móviles. Esta activista sudanesa de 22 años se ha convertido en el icono de las protestas contra el régimen de Omar Hasán Ahmad al Bashir exigiendo una transición democrática. Días después de la difusión de las fotos y vídeos de la apodada nueva “Reina nubia”, el Ejército desalojaba del poder al dictador. Pero las reivindicaciones continuaron porque nadie se fiaba de la junta militar que se había hecho con el poder. La represión se recrudeció para amedrentar a una población que ya no pensaba parar hasta conseguir sus demandas. Finalmente, militares y civiles pusieron en marcha un proceso de transición que durará meses pero que Salah ve con esperanza. “Estamos empezando a ver signos positivos. Las mujeres nos sentimos mucho más libres que a principios del año”, sentenciaba en una entrevista el pasado mes de diciembre.

    Tampoco puedo separar mi pensamiento de la abogada siria especializada en derechos humanos Noura Ghazi. Su marido, el desarrollador de software de código abierto Bassel Khartabil, fue uno de los principales activistas en favor de la libertad de expresión y la democracia en Siria. Tras ser arrestado por el régimen en 2012 y ejecutado en 2015, Ghazi fundó con otras mujeres la organización Familias por la Libertad, que pretende defender a los presos y presas de las cárceles sirias y ayudarlos a conseguir su excarcelación. Su trabajo en numerosos foros mundiales está permitiendo que se ponga el foco en las condiciones infrahumanas que viven las personas encarceladas durante la represión y que su liberación sea una condición indispensable para una futura transición democrática en el país.

    Para terminar, nos trasladamos al país ultraconservador de Arabia Saudí. Allí, la activista Loujain Alhathoul encabezó las protestas en contra de la prohibición de las mujeres a conducir automóviles que regía en el reino wahabita. Después de varios arrestos y liberaciones, volvió a ser encarcelada junto a otras activistas y a día de hoy sigue en cautiverio. Sus hermanos han denunciado en Twitter que está sufriendo vejaciones y torturas.

    Sorprende que, después de que en junio del 2018 terminara la prohibición de conducir, Loujain y sus compañeras permanezcan privadas de su libertad y a la espera de que se anuncien los cargos. ¿Miedo a que se vuelvan otro icono? Demasiado tarde. Ya lo son. Porque lo que han escrito Salah, Ghazi y Loujain no se puede borrar.

    Artículo publicado en la edición de enero 2020 del Periódico Distrito Villaverde.

  • El hummus de tu cena de Navidad

    El hummus de tu cena de Navidad

    Hummus de cúrcuma picante, hummus de aguacate, hummus de alubias, hummus de zanahorias, hummus de coliflor… Esto de la cocina fusión se nos está yendo de las manos. Desde que hace unos años los grandes establecimientos decidieran comercializarlo, el hummus ha ido infiltrándose en nuestra gastronomía como uno de nuestros platos preferidos de picoteo.

    ¿Crees que exagero? Apuesto lo que quieras a que durante la próxima cena de empresa que celebres estas Navidades el hummus hará una aparición estelar en alguna de sus múltiples variables. Y ya que parece que este plato —rey por excelencia de la gastronomía árabe— ha llegado para quedarse, hay algunas cosas que debéis saber.

    ¿Os ha parecido raro escuchar alguna vez pronunciar la palabra “baella” en vez de paella? Enseguida nos adelantamos para corregir al osado que no sabe pronunciar correctamente nuestro plato nacional. ¿Y si además nos encontramos una paella con chorizo? Polémica garantizada.

    Pues los españoles somos incluso peores con la palabra hummus. No, no se dice “humus” (no me preguntéis por qué, pero siempre me viene a la cabeza la imagen de la fumata blanca que sale del vaticano cuando gritan “habemus papam”). La pronunciación correcta es algo así como jummus; siendo el sonido de esa “j” parecido a la jota castellana, pero haciendo que el aire pase a través de la parte profunda de la laringe. En árabe la “m” es doble y la “s” se parece a la ese, pero pronunciada con un tono más enfático.

    Bien, entiendo que parezca difícil al principio, pero podéis ir practicando. Tengo especial cariño a esta palabra en árabe porque es así como también se escribe Homs, la ciudad siria donde nació mi padre. Y no, no es allí donde se inventó el hummus, pero me gusta pensar que sí.

    También nos cuesta no pestañear dos veces cuando encontramos en el super hummus picante o hummus de aguacate… pero ya nos estamos acostumbrando. ¡Hay que vivir con los tiempos! Pero si me preguntáis… prefiero el hummus original, el que llevo consumiendo desde niña.

    Los ingredientes para dos personas son ¼ de kg de garbanzos cocidos, una cucharadita de sal, uno o dos dientes de ajo machacados, ¼ de vaso de zumo de limón, ¼ de vaso de tahina (esto es imprescindible), media tacita de agua y una cucharada de yogur natural (opcional, para blanquear el puré). Y ya está. ¡Os animo a que lo hagáis en casa estas Navidades! Y luego me decís si preferís el del supermercado o el original…

    Ahora que ya todos conocemos el hummus, podéis viajar a cualquier país del mundo árabe sabiendo que siempre habrá esta opción en el menú del restaurante. Es habitual comerlo cuatro o cinco veces a la semana, sobre todo para desayunar junto con pan, aceitunas, pimiento verde o cebolla cruda y un té con menta bien cargado.

    El hummus es el plato más económico y por eso abunda en todas las mesas. Pero además tiene una característica que hace que, en mi opinión, se esté extendiendo tan rápidamente por el mundo: el hummus o crema de garbanzos es una comida vegetariana. Y es que la gastronomía árabe es rica en alimentos vegetarianos, como el falafel o el cuscús.

    ¡Desde La algarrada de Villaverde te deseo feliz Navidad y buen consumo de hummus!

    Artículo publicado en la edición de diciembre del Periódico Distrito Villaverde.

  • Un puente llamado Amin Maalouf

    Un puente llamado Amin Maalouf

    Para la Algarrada de Villaverde

    Mi fascinación por los puentes viene de lejos. Si hay algo que representa bien la idea de conexión, de enlace, de unión entre dos orillas; esa es el puente. Una construcción que el hombre ha erigido para superar los accidentes geográficos, para acercar gentes, facilitar el recorrido o recortar distancias.

    Admiro la belleza de cada puente emblemático: desde el Tower Bridge londinense, pasando por el Pont Neuf parisino que atraviesa el Sena o el Puente Gálata en Estambul, que une la parte vieja de la ciudad con la más moderna. Tantos y tantos puentes en el mundo concebidos por una tímida esperanza: ser artífice del progreso de la gente que los cruce.

    Y así como los puentes materiales, también existen otro tipo de puentes: los puentes-personas. Seres humanos que con su labor humanitaria, artística o intelectual consiguen que pueblos o civilizaciones se encuentren y se abracen. Y para mí, uno de esos puentes siempre ha sido Amin Maalouf.

    El escritor y periodista franco-libanés ha sabido fundirse entre Oriente y Occidente y crear una identidad propia, producto del exilio. Con influencias de Albert Camus, Charles Dickens, Stefan Zweig hasta Omar Khayyan y la poesía árabe, pasando por la traumática experiencia de la guerra civil en Líbano, Maalouf ha ido moldeando su propio puente por el que intenta entender el mundo e invitar a que nosotros, los lectores, entendamos también.

    Sus ensayos “Las cruzadas vistas por los árabes” e “Identidades asesinas” le han consagrado como referente, siendo elegido en 2011 miembro de la Academia Francesa ocupando la silla 29. Además, ha ganado los premios Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio Goncourt. Pero son sus novelas las que más me han cautivado, como “León El Africano”, “Samarcanda” y “Los Desorientados”, libros que podéis encontrar en las bibliotecas públicas de Villaverde.

    El pasado 23 de octubre presentó en Casa Árabe su último ensayo “El naufragio de las civilizaciones”, una reveladora mirada hacia un pasado no muy lejano donde el Levante parecía ser el reflejo del entendimiento y la tolerancia. Amin, humanista y afirmativo, piensa que “más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación”.

    Sin embargo, no niega que a esta generación le ha tocado vivir las separaciones, el duelo, la intransigencia y el odio. Y advierte de que el ocaso del Levante arrastra al mundo entero. Leer a Maalouf es seguir alimentando la esperanza para frenar el avance de la xenofobia y el extremismo. Sigamos construyendo puentes como mejor sepamos.

  • Tradición y modernidad

    Tradición y modernidad

    Para la Algarrada de Villaverde

    Toda la soberbia tradición está en tu cuerpo,

    Y toda la sombrosa modernidad.

    Tu cuerpo tiene algo de fundamentalismo de al-Mutanabbi,

    Algo de las luminosidades de Rimabud

    Y algo de las alucinaciones de Salvador Dalí.

    Este verso es del poeta sirio Nizar Qabbani, una de las figuras más relevantes de la lírica árabe contemporánea. Su aparición supuso una bocanada de aire fresco dentro del encorsetado panorama literario de la época. Sólo la poetisa iraquí Nazik al Malaika se había atrevido a experimentar con el verso libre, introduciendo una alternativa a la estructura métrica tradicional.

    Si tienen en su estantería libros como La voz a ti debida de Pedro Salinas o Veinte Poemas de Amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, no pueden perderse al que es conocido como “el poeta de las mujeres”. Del artista siempre se debe conocer el contexto y la vida de Qabbani es inseparable de su obra. Cuentan que cuando el poeta tenía 15 años, su hermana mayor Wisal se suicidó porque le prohibieron casarse con el hombre que amaba.

    Sus versos son la manera que encontró Qabbani para luchar contra las condiciones sociales que ahogaban los deseos de las mujeres: La libertad que quiero para la mujer es la libertad para amar, la libertad para decirle a un hombre “te quiero” sin que arrojen su cabeza al cubo de la basura”. El Libro del Amor, traducido al castellano, es uno de los más conocidos pero su legado es extenso y merece la pena consultar sus poemas sobre la pérdida, la derrota del nacionalismo árabe o sus sugerentes apuntes sobre Al Ándalus.

    Y es que Qabbani fue embajador en España durante cuatro años y tuvo la oportunidad de visitar Granada, Sevilla, Córdoba. Ahora me resulta dolorosamente evocador este verso: “Por las calles de Córdoba, a menudo me he metido la mano en el bolsillo para sacar la llave de mi casa en Damasco porque llevo sin visitar la casa y los seres queridos que tengo en Siria, de donde es mi familia paterna, desde el 2011.

    Me sorprendo, a menudo, recitando a Qabbani. Sobre todo, cuando necesito encontrar un espacio de encuentro, que es donde realmente yo me siento libre. Y cuando leo sobre las discrepancias, y la crispación que genera, un tema tan polémico como el uso del velo; me acerco a la realidad desde la inmensa ternura de un hombre que consiguió resaltar la belleza de la mujer precisamente desde sus contradicciones. Tradición, modernidad. Y un verso que sirve de puente entre mundos tan dispares. A veces el arte es lo único capaz de conseguir lo inimaginable.

    Artículo publicado en la edición de octubre del Periódico Distrito Villaverde.

  • Ellas (también) tienen mucho que contar

    Ellas (también) tienen mucho que contar

    Para la Algarrada de Villaverde

    Ahora que volvemos de las vacaciones y estamos un tanto tristes por regresar a la rutina, nos conviene empaparnos de buenas noticias. Hace unas semanas y con motivo del cine de verano de Villaverde, se proyectó la película Cafarnaum, de la directora libanesa Nadine Labaki.

    Un largometraje con gran carga dramática con un mensaje que despierta conciencias sobre la vulnerabilidad de los refugiados: No somos invisibles, somos humanos y tenemos los mismos derechos que los demás. Este compromiso por contar lo que ocurre entre las cuatro paredes de las casas ajenas en Oriente Medio es ya casi sello identitario de Nadine Labaki.

    Y esa es la buena noticia: directoras árabes haciendo películas que abordan los desafíos sociales contemporáneos; de los que no solo se identifican la sociedad civil en Oriente Medio sino con los que también nos podemos identificar nosotros. Estas directoras forman parte de una nueva generación, que se ha formado en varios países, hablan varios idiomas y son grandes conocedoras de las problemáticas del mundo árabe y también del mundo occidental.

    Por nombrar algunas, tenemos las que han formado parte del ciclo Directoras Árabes Contemporáneas que organizó este año Casa Árabe: Annemarie Jacir, Haifaa Al-Mansour, Kawthar Younis, Meryem Benm’ Barek y Amal Ramsis. Vale la pena echarles un vistazo para adentrarnos en la mirada de la mujer árabe, a veces tan lejos de los estereotipos que vemos en las noticias. Y ahora que Yemen está tan de actualidad, no puedo dejar de recomendar a Sara Ishaq y su documental La casa de la morera, intimista visión de la relación de las mujeres de esta generación con su entorno familiar, en un momento tan convulso como el comienzo de una revolución.

    Según una investigación de la Universidad Northwestern en Qatar, más de una cuarta parte de las películas independientes realizadas en países árabes de 2011 a 2015 fueron dirigidas por mujeres. Y aunque aún queda un largo camino por recorrer, cada vez son más las mujeres árabes que se ponen tras la cámara para recordarles al mundo que no son invisibles y que tienen mucho que contar.

    Artículo publicado en la edición de septiembre del Periódico Distrito Villaverde.

  • Jordania, los siete pilares que sostienen un Reino

    Jordania, los siete pilares que sostienen un Reino

    Laila M. Rey | Madrid

    Hace exactamente cien años se fraguaba un libro transcendental sobre la ingenua rebelión árabe contra los turcos. El oficial del ejército británico T.E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, empezaba a narrar sus desventuras por Oriente Próximo en “Los siete pilares de la sabiduría”. Parte de ese libro se desarrolla en un entorno desértico y cautivador que en nuestro imaginario colectivo – gracias a la taquillera película y a nuestra mirada un tanto orientalista- hoy conocemos como Jordania.

    Es en el desierto de Wadi Rum donde los árabes establecen la base de operaciones para emprender lo que ellos llaman La Gran Revuelta Árabe contra la tiranía del Imperio Otomano; una sublevación destinada al fracaso antes de nacer. Los acuerdos secretos de Sykes-Picot entre Francia y Reino Unido abortan el deseo de autonomía de la Gran Siria, el territorio que hoy ocupan Siria, Líbano, Jordania, Palestina e Israel. Pero es la declaración de Balfour de 1917 – el apoyo formal del gobierno británico al establecimiento de un «hogar nacional» para el pueblo judío en Palestina- lo que más determine el incipiente Reino Hachemita de Jordania.

    Y esa Siria resultante ha vuelto a fragmentase por nuevos intereses estratégicos de potencias extranjeras que, casi un siglo después, frenaron el levantamiento popular contra la dictadura de Bashar Al Assad. Jordania se encuentra en medio de una encrucijada que alimenta titulares: al sur Arabia Saudí y el empuje de su influencia regional, con el bloqueo a Yemen y escándalos como el asesinato de Khashoggi; al norte la guerra de Siria que acaba con la victoria de un actor que conspiraron derrocar; al este con Irak y la influencia iraní y al oeste con Israel; que supone el núcleo de sus preocupaciones.

    Para sobrevivir a esta deriva regional, el Reino Hachemita basa su estabilidad en una compleja red de acuerdos económicos, securitarios y estratégicos. Haciendo un guiño a esta efeméride literaria que puso a Jordania en el mapa, os contamos los siete pilares que sostienen a un reino y si esta fórmula funcionará para hacer frente a sus próximos desafíos.

    1. Una economía que depende de la ayuda externa

    La supervivencia de Jordania depende, más que cualquier otra cosa, de las ayudas internacionales. Con escasos recursos naturales -ni petróleo, ni gas, ni agua y con sólo el 10% de suelo cultivable-, su producción industrial se compone de fosfatos para fertilizantes, cemento, manufacturas y productos textiles que no llegan ni al 20 % del PIB. El turismo, su principal motor económico y del que España representa uno sus principales mercados, ha sufrido un importante descenso debido a la inestabilidad en la región; aunque en 2018 ya presentaba nuevos datos de crecimiento.

    Su vulnerabilidad crónica se agrava con el impacto económico que ha supuesto la llegada de refugiados sirios -más de un millón, según cifras del gobierno-, sumándose a los palestinos e iraquíes que lleva décadas acogiendo. Jordania asume el riesgo y lo que significa: más necesidad de apoyo económico significa más dependencia del exterior. Y cuando más dependes de los demás menos poder de decisión tienes en tus asuntos internos.

    El apoyo presupuestario que dan el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea al Reino Hachemita tiene serias contraindicaciones: como condición, Jordania debe acometer reformas en la economía que hagan al país más autosuficiente. La reforma fiscal dictada por el FMI el año pasado provocó contra todo pronóstico la movilización de la ciudadanía. Una huelga general y numerosas manifestaciones demostraron el hartazgo de una sociedad que ya no puede asumir la presión a la que se ve sometida.

    2. Los acuerdos económicos y estratégicos con EE. UU.

    Estados Unidos, por otro lado, es el país que más invierte en el reino. Sólo hay que pasarse por la web de su agencia internacional de desarrollo para comprobar que las cifras siempre alcanzan los 1000 millones de dólares anuales. A cambio de esta ayuda militar y humanitaria vital para su estabilidad, Jordania es clave estratégica para la potencia mundial. Ha servido como base de operaciones para la Coalición Internacional que luchaba contra el ISIS y también ha permitido que se establecieran en su territorio cuarteles de entrenamiento estadounidenses para adiestrar a rebeldes sirios.

    Jordania no puede permitirse llevarle la contraria a su aliado incondicional a pesar de que los últimos movimientos de Trump vayan poco encaminados a potenciar conversaciones de paz entre israelíes y palestinos. Desde hace ya meses se habla del “Acuerdo del siglo” de la administración Trump, un plan “de paz” para Oriente Próximo que parece se dará a conocer después de las elecciones israelíes y que busca apuntalar aún más la legitimidad de Israel en la región.

    Trump ha empezado a implementarlo con movimientos unilaterales: reconociendo a Jerusalén como capital de Israel, cortando la financiación a la UNRWA y ahora también reconociendo a los altos del Golán como territorio israelí. “La percepción aquí desde las altas esferas jordanas es que el Acuerdo del siglo es aceptar lo que Israel quiere, esto es, anexionar Jerusalén, los asentamientos ilegales y Cisjordania. Y esto es muy peligroso”, nos cuenta la analista y periodista Lamis Andoni.

    Aún se desconocen las consecuencias derivadas del acuerdo, aunque previsiblemente volverá a movilizar en las calles a los palestinos residentes en Jordania. Dependerá de la habilidad diplomática del rey Abdullah capear el vendaval y que dichas protestas no confluyan con el malestar social generalizado por las últimas medidas de austeridad.

    3. El poder en la región: buscando el equilibrio entre Israel, Irán y Arabia Saudí

    Este año se cumple el 25 aniversario del Tratado de Paz entre Israel y Jordania. Durante todos estos años, el acuerdo bilateral ha servido para aunar esfuerzos en materia de seguridad y comercio, pero poco se ha avanzado en el plano político. Tras anular Abdullah dos anexos y reclamar la soberanía de los territorios de Baqura y Ghamr, las relaciones no parecen pasar por su mejor momento. Sea o no por las presiones del Parlamento jordano para rescindir el acuerdo sobre esos territorios, el rey parece aprovechar este último margen de maniobra de cara al “Acuerdo del siglo”.

    La Liga Árabe, por su parte, no parece tener como prioridad en su agenda defender los derechos de los palestinos y hacer frente a Trump. Todo lo contrario. En la cumbre celebrada en febrero en Varsovia hicieron público que su principal preocupación era “el papel iraní en la desestabilización de la seguridad y la estabilidad en la región”.

    El Ministro de Asuntos Exteriores jordano acudió a la cita para concienciar a sus vecinos de que Palestina debía ser la principal prioridad. “Yo estuve en la rueda de prensa que dio después el Primer Ministro y su mensaje era que poner a Irán en el foco de atención era una mala idea, sobre todo, porque sienten que Israel está usando la amenaza iraní para ocultar sus intenciones de expandirse y anexionarse Cisjordania”, lamenta Andoni. En la narrativa geoestratégica Irán e Israel no se explican la una sin la otra.

    Arabia Saudí, por su parte, sigue aspirando a convertirse en el poder económico de la región. En el marco del “Acuerdo del siglo” que parece inminente, la economía será el aspecto prioritario y Arabia Saudí tendrá un mayor protagonismo. “Parece evidente que cuanto más se expande el papel de Arabia Saudí en la región, más se reduce el papel jordano”, nos explica Amer Sabaileh, analista del Jordan Times.

    Jordania mantiene estrechas relaciones con el Consejo de Cooperación del Golfo, y especialmente con Arabia Saudí, vital en términos de asistencia financiera e inversiones directas. Le interesa que su programa Vision 2030 prospere a pesar de los escándalos por vulneración de derechos humanos. Numerosos ciudadanos y empresas jordanas trabajan en países del Golfo y sus remesas constituyen una bocana de aire fresco para el país.

    4. Lucha contra el terrorismo con sus aciertos y sus errores

    Jordania lleva décadas combatiendo el extremismo violento con relativo éxito si atendemos exclusivamente al número de atentados sobre su territorio y considerando la amenaza que suponen los estados fallidos que parecen brotar como setas a su alrededor. Pero al mismo tiempo ha alimentado el caldo de cultivo que ha hecho al terrorismo prosperar. Al igual que Turquía, Jordania permitió que combatientes de ideologías radicales entraran a Siria, sumando más caos y destrucción al ya ocasionado por la represión del régimen de Damasco y sus aliados.

    Para cuando se dio cuenta del monstruo que alimentaba ya era tarde. Bombardear territorios del Daesh en Siria e Irak -ocasionando además víctimas civiles- como parte de la Coalición Internacional no ha conseguido erradicar el problema. Tras derrotarlo militarmente, muchos países se preguntan qué hacer con la herencia ideológica del Daesh que traen consigo sus yihadistas derrotados.

    Porque la radicalización no ha sido derrotada, la amenaza puede reactivarse si las condiciones se vuelven propicias. Jordania, uno de los países que más combatientes ha exportado hacia Siria e Irak, deberá poner todos sus esfuerzos en la lucha contra la radicalización dentro de casa.

    “Tenemos que adoptar una visión a largo plazo y eso requiere determinación política, seguimiento y acciones serias”, mantiene Amer Sabaileh. “Lamento decir que hasta ahora no veo una clara visión de cómo hacer frente a la radicalización. Todavía seguimos en la fase de soluciones cosméticas”.

    Andoni, por su parte, pone el foco en la situación de precariedad de los jóvenes. “Jordania hace frente a serias crisis políticas y socioeconómicas, por eso lo más importante es trabajar y dar esperanza en casa, para que la gente joven desesperada no sienta que su Gobierno no se preocupa por ellos, trabajar para prevenir que los jóvenes no se unan ni al Daesh ni a otras organizaciones similares”, sentencia Lamis Andoni. Del éxito de abordar con medidas concretas este problema dependerá la estabilidad de Jordania y evitará, además, que células durmientes recluten a nuevos radicales que exporten el terror también hacia países de la Unión Europea.

    5. Normalizando relaciones comerciales con Siria e Irak: Rusia como aliado fundamental

    Antes de la contienda, el comercio de bienes entre Jordania y Siria ascendía a millones de dólares anuales tras firmar un acuerdo en 2002 que establecía una zona de libre comercio. El paso fronterizo de Jaber no sólo beneficiaba a Siria y Jordania, sino que era una fuente importante de ingresos también para el Líbano y los países del Golfo, ya que por el paso fronterizo decenas de camiones cruzaban a diario.

    Tras ser conquistado por los rebeldes sirios en 2015, el cierre de Jaber supuso pérdidas millonarias. Tras ser reconquistada por el ejército sirio y gracias a la coordinación con Rusia, el paso fronterizo de Jaber volvía a abrir sus puertas tres años después, permitiendo el flujo de intercambio de mercancías para dos países que lo necesitan desesperadamente.

    Aunque Jordania dio apoyo logístico a la oposición durante los primeros años del levantamiento, todo parece indicar que Damasco y Ammán están dispuestos a normalizar relaciones tras el fin de la contienda. Sin embargo, es previsible que la relación bilateral no vuelva a su estado anterior al 2011, al menos de cara a la galería, por posicionamientos políticos irreconciliables y aliados que son enemigos declarados. Israel tampoco permitirá que la partida de ajedrez jugada en Siria entre Irán y Arabia Saudí se reproduzca tan cerca de sus fronteras.

    La prioridad de Jordania es restaurar la seguridad en el noreste y la presencia iraní tan cerca de sus fronteras parece inquietar al reino. Su interlocutor ruso ha dado garantías al rey Abdullah de que dicha presencia no supondrá una amenaza para la seguridad del Estado.

    Mientras se fortalece la confianza en su interlocutor ruso, Jordania prepara ya el terreno para su participación en la reconstrucción de Siria e Irak. La Asociación de Ingenieros jordanos, en coordinación con el gobierno, participa en las negociaciones en Damasco para asegurar que sus empresas desempeñan un papel fundamental en la reconstrucción, que revertirá positivamente en la economía jordana.

    En enero de este año concluían también acuerdos económicos, comerciales y de cooperación energética y de desarrollo con Irak. Sin embargo, algunos economistas jordanos se mantienen escépticos sobre las verdaderas dimensiones económicas de los acuerdos debido a la competencia con los países del Golfo.

    6. Un país que representa la hospitalidad árabe legendaria

    ¿Os imagináis que España acogiera un 15% de refugiados con respecto a su población, es decir, más de 6 millones? Jordania, con apenas recursos, precios de productos básicos subvencionados y alquileres desproporcionados, recibió casi millón y medio de refugiados sirios llegados desde el 2011, sin incluir a los palestinos, iraquíes, egipcios y demás migrantes económicos que ya acogía. Sí, lo ha hecho con ayudas de organismos internacionales para el desarrollo, pero eso no era garantía de éxito para una población con amplias capas empobrecidas y periferias de las grandes urbes superpobladas.

    Los campos de refugiados sólo han acogido al 20% del total de sirios, los demás se han ido a vivir a las ciudades de Ammán, Mafraq, Irbid y Zarqa. Por presión de los donantes internacionales, Jordania prometió crear al menos 200.000 trabajos para sirios en sectores que no supusieran una competencia directa con los jordanos, mayormente en los sectores de la construcción y agricultura, y parece estar cumpliendo sus compromisos. Según cifras de ACNUR a enero del 2019 se habían expedido más de 130.000 permisos de trabajo para refugiados sirios.

    Tuve la oportunidad de visitar algunos proyectos que integraban niños iraquíes y sirios en las escuelas, gracias a los turnos de mañana y tarde que establecieron para que no se colapsaran las aulas. También visité un hospital al norte del país que compartía infraestructura hospitalaria con Médicos Sin Fronteras, permitiendo realizar operaciones a heridos de guerra que cruzaban la frontera más muertos que vivos.

    Sin duda el flujo de refugiados creó en Jordania tensiones con los locales. “Con un desempleo del 20%, algunos trabajadores jordanos culpan a los migrantes de la falta de trabajo. Pero no podemos llegar a un punto en el que los refugiados sean vistos como un peligro. No queremos cultivar una cultura del odio”, sostiene Andoni. Según la analista, tras el fin de conflicto armado la legislación jordana debe establecer un programa de retorno para refugiados sirios a largo plazo hasta que se sientan lo suficientemente seguros como para volver.

    No parece que vaya a ocurrir pronto. Teniendo en cuenta la sólida estructura de la Mujabarat (los servicios secretos sirios), los refugiados corren el riesgo de ser arrestados y torturados si deciden volver. De hecho, pocas garantías ofrece un escenario donde muchas familias sirias siguen sin saber nada de sus seres queridos tras ser arrestados por las autoridades, como denuncia el grupo Families For Freedom.

    En conversaciones con un refugiado sirio de Daraa que vive en el campamento de Zaatari, volver no entra dentro de las posibilidades a corto plazo. “No creo que ni yo ni mis hijos estuviéramos seguros mientras nuestro hogar siga en control del régimen,” lamenta. “Aquí me siento bien. Tenemos nuestras necesidades cubiertas y doy clases en la escuela como profesor de deporte. Pero mi deseo será siempre regresar a mi país.”

    7. Una opinión pública que aún confía en su monarca

    Tras las primaveras árabes en 2011, todo parecía indicar que la figura del rey Abdullah II se había reforzado. Aquellas protestas reclamaban en su gran mayoría reformas políticas y económicas y no un cambio estructural del sistema. El proceder de entonces se ha convertido en un patrón: ofrecer un alivio a corto plazo y reemplazar el gabinete del primer ministro por otro.

    El terrible asesinato de Muath Al-Kasasbeh en 2015 a manos del ISIS despertó en la población jordana un rechazo unánime contra el grupo terrorista. Fue el comienzo de las aventuras aéreas del ejército en territorio sirio. Una campaña para reforzar el sentimiento nacional inundó las calles de Amman. Carteles con el lema “arfa3 rasak, enta urduni” (levanta la cabeza, eres jordano) se podían leer en cada plaza. Incluso la reina Rania lideró una de las manifestaciones en Amman en repulsa por el crimen.

    La crisis económica y social, sin embargo, sólo se ha agravado. Según la Corporación de la Seguridad Social jordana, el 80% de trabajadores registrados ganan menos de 7,200 dinares anuales, lo que equivale a una media de 750 euros mensuales, en los que la mitad se van en pagar el alquiler y las facturas.

    La falta de crecimiento económico y el desempleo generan incertidumbre en una generación cada vez más formada y mejor comunicada gracias al acceso a las nuevas tecnologías. Sin embargo, temen que exigir verdaderos cambios derive en la pérdida de la estabilidad y la seguridad. Tienen el drama de sus vecinos demasiado cerca.

    A pesar de todo, en 2018 el hartazgo volvió a exceder sus límites. El gobierno decidió, empujado por el FMI, enviar un proyecto de reforma fiscal al parlamento que, en resumen, pretende ampliar el número de contribuyentes reduciendo el umbral máximo de ingresos. Hasta el famoso restaurante de falafel Hashem, que nunca cierra, hizo huelga el 30 de mayo del 2018 en protesta por la subida de impuestos.

    Sin embargo, la máxima gatopardista se reproduce y tras destituir al primer ministro y poner a Omar Razzaz, la reforma fiscal, eso sí revisada, quedó aprobada. Así se salvó, una vez más, el contrato social entre gobernantes y gobernados, entre el rey y sus súbditos, hasta que nuevas medidas de austeridad vuelvan a ponerlo a prueba. Y veremos entonces si volverá a cambiar todo para que todo sigua igual.

    Este artículo fue publicado en la edición Mayo/Junio 2019 de la revista Política Exterior.

  • Anwar al-Bunni, cuatro décadas luchando contra la impunidad en Siria

    Anwar al-Bunni, cuatro décadas luchando contra la impunidad en Siria

    Tras defender en Damasco a decenas de prisioneros políticos, el abogado sirio se aferra ahora al principio de jurisdicción universal desde Alemania para juzgar a responsables de crímenes contra la humanidad

    Leila Nachawati Rego | Laila M. Rey

    «La deshumanización fue desde siempre una táctica del régimen, que trata el país y a sus habitantes como si fuesen de su propiedad». Habla Anwar al-Bunni (Hama, 1959), destacado abogado sirio de derechos humanos, durante una conferencia celebrada en Madrid el 8 de diciembre. El evento, titulado Convoy por la liberación de los presos sirios, forma parte de la campaña mundial para liberar a las personas sirias detenidas de forma arbitraria tanto por el régimen sirio como por grupos como Hayat Tahrir al-Sham (la al-Qaeda siria).

    Allí se congregaron miembros de la sociedad civil, abogados internacionales y exprisioneros, cuyos testimonios ilustraron las palabras de al-Bunni. «En las cárceles sirias cuesta respirar. Nos turnábamos para aspirar algo de aire de una pequeña rendija. Los que tenían problemas respiratorios no sobrevivían. Éramos 123 personas en una celda de seis por cuatro con acceso tan solo a un grifo y a un agujero en la esquina de la celda», relata Marwan al-Ash, arquitecto y superviviente de la cárcel, por la que pasó tanto antes como después del levantamiento popular de 2011.

    Mucho antes de las protestas de 2011, Siria era ya conocida por sus tácticas de represión y tortura de presos políticos. Figuras como la desaparecida Razan Zaituneh, abogada de derechos humanos, o el propio Anwar al-Bunni, han trabajado en documentar esas violaciones, con un énfasis especial en el período conocido como ‘la primavera de Damasco’.

    La primavera de Damasco

    «No se puede luchar contra el extremismo de forma individual. Para luchar contra él, hay que cuestionarse las estructuras, los climas que favorecen su florecimiento», defiende al-Bunni en referencia a Daesh y otros grupos que se asentaron en la zona aprovechando el caos y la impunidad. Una impunidad que se relata con crudeza en El caparazón, libro publicado recientemente en el que el exprisionero Mustafa Khalifa narra la experiencia de un civil encarcelado durante el mandato de Hafez al-Asad.En el clima de represión que caracteriza a la Siria de los Asad hubo a principios de siglo un breve período de esperanza conocido como la ‘primavera de Damasco’.

    Ocurrió tras el fallecimiento de Hafez al-Asad y durante el ascenso al poder de su hijo Bashar, que se proponía como promotor de reformas en el país, abierto al diálogo y a las críticas. El espejismo duró poco, y quienes se confiaron lo pagaron caro. Durante esos meses de transición entre dictadores se celebraron a lo largo y ancho del país reuniones donde se debatía el futuro del país y se presentaban propuestas, se publicaron revistas como al-Domani, del dibujante Ali Ferzat (al que años después fuerzas del régimen rompieron las manos en represalia por sus dibujos), intelectuales comunistas perseguidos durante décadas se expresaron con libertad y contundencia.

    El país, con su capital a la cabeza, se contagió de una atmósfera de optimismo que propició que un grupo de intelectuales publicasen un manifiesto que constataba que «ninguna reforma, ya sea económica, administrativa o judicial, traerá la seguridad y la estabilidad si no va a acompañada de las requeridas reformas políticas». La reacción a la apertura prometida fue, tras la publicación de ese manifiesto, la detención de cientos de hombres y mujeres que habían liderado las iniciativas de petición de libertades y reformas.

    El recién nombrado presidente de la república hereditaria de Siria rechazó las críticas y comenzó una campaña masiva de arresto de los partícipes de la primavera de Damasco. Las detenciones incluyeron a los principales miembros de la sociedad civil de entonces, como Walid al-Bunni y Kamal al-Labwani, a diputados independientes como Mamun al-Homsi y Riad Sayf, o al conocido opositor comunista Riad al-Turk, que había pasado 17 años en la cárcel y fue condenado a prisión de nuevo con 72 años. La defensa de varios de estos detenidos, incluido el propio Turk, la lideró Anwar al-Bunni, uno de los pocos que se atrevía a acometer una tarea que lo colocaba a él mismo en el centro de la diana.

    Al-Bunni lleva desde los años 80 denunciando las condiciones infrahumanas de los detenidos y detenidas en Siria. Fue jefe del breve centro de capacitación en derechos humanos financiado por la Unión Europea en Siria, hasta que el Gobierno lo cerró en 2006. Convencido de la necesidad de su trabajo, a menudo financiaba la defensa de su propio bolsillo. Una de las más conocidas fue la de Aref Dalila, exdecano de la Facultad de Economía en la Universidad de Damasco.Como miembro activo durante la primavera de Damasco, Dalila fue detenido en 2002 tras una conferencia en la que abogaba por una mayor transparencia en el Gobierno y medidas contra la corrupción.

    Al-Bunni denunció que Dalila había sido golpeado durante su interrogatorio, presentando como evidencia un pañuelo manchado de sangre. Tras la acusación, se prohibió a al-Bunni ejercer ante la Corte Suprema de Seguridad del Estado y Dalila fue condenado a diez años de prisión.Más tarde, en 2006, el propio abogado fue encarcelado tras firmar la Declaración Beirut-Damasco, que respaldaba el respeto a la soberanía de Líbano, mientras recibía premios internacionales por su labor, como el que entrega Front Line Defenders a defensores de derechos humanos en situación de riesgo, o el de la Asociación Alemana de Jueces.

    Defensor de la justicia universal

    En 2014, tres años después del inicio de las protestas en Siria, al-Bunni decidió salir del país e instalarse en Alemania. Desde allí, junto con otras personas exiliadas y víctimas de torturas, estudia diferentes mecanismos políticos para perseguir a los perpetradores de abusos contra presos y presas en las cárceles sirias. Los abogados sirios luchan ahora para que se pueda llevar el caso a los tribunales europeos, ante la imposibilidad de hacerlo tanto en territorio sirio como a nivel internacional, por los vetos de Rusia y China.

    Durante los años en los que al-Bunni trabajó defendiendo los derechos humanos en Damasco, se topó con la impunidad de un régimen que respondía a las críticas con más encarcelamientos, torturas y desapariciones. Durante sus años en el exilio no ha dejado de toparse con otro tipo de obstáculos: los que imponen países que por sus propios intereses arropan al régimen sirio. Al-Bunni asegura no perder la esperanza, sobre todo tras la aparición del archivo César, que incluye más de 28.000 imágenes que salieron a la luz pública mostrando a miles de personas víctimas de tortura y fallecidas bajo custodia del régimen.

    De no haber esperanza, piensa, nadie estará seguro en los próximos años. «Si no se castigan estos crímenes, el clima de impunidad será cada vez mayor, con dictadores cada vez más fortalecidos. Nos interesa a todos, no solo a los sirios, que haya justicia frente a los crímenes contra la humanidad. Estos criminales no pueden ser parte de la solución«, recalca al-Bunni. En esta lucha contra la impunidad, la campaña mundial para liberar a los detenidos proseguirá su andadura, siendo los supervivientes y los familiares de los desaparecidos el vivo testimonio de la tragedia que no cesa en Siria.

    Previamente publicado en El Diario.es, puede consultarlo aquí.

  • Una mirada española a la leyenda de Ibn Batuta, el viajero del tiempo

    Una mirada española a la leyenda de Ibn Batuta, el viajero del tiempo

    El director de teatro asturiano Marco Magoa estrena en Jordania su visión de las aventuras del casi desconocido trotamundos Ibn Battuta en el Centro Cultural Real de la capital.

    Un joven marroquí que peregrina a la Meca tiene un sueño revelador durante su escala en Alejandría, una noche de primavera del año 1326, en casa de un piadoso asceta. Sueña que sobre las alas de un inmenso pájaro alcanza no sólo el corazón del mundo musulmán, sino también se adentra más allá de Dar al-Islam, fuera de los límites de una civilización donde la ciencia, la cultura, el arte, la sed de conocimiento resplandecían haciendo parpadear a la insípida Europa medieval. Fue entonces cuando se forjó la leyenda de Ibn Battuta, el eterno viajero que atravesó la tierra de Tánger a China en una épica travesía y que representará esta semana el director de teatro asturiano Marco Magoa, los días 5 y 6 de Octubre, en el Centro Cultural Real de Ammán.

    El viajero, título de la función, es para Magoa otro sueño hecho realidad. Un regalo a todo el esfuerzo y compromiso invertidos para honrar a este mítico aventurero que tiene, a día de hoy, tanto que enseñarnos. El texto escrito por el director y traducido al árabe por Rehab Wahdan, poético y provocador, hace un paralelismo entre lo que ve Ibn Battuta en el siglo XIV y lo que sucede y vemos nosotros hoy en día. Seis actores árabes dan vida a un total de 48 personajes. Una princesa china, un sultán indio sanguinario, campesinos y emires que, junto a Ibn Battuta, nos harán reflexionar sobre la curiosidad de quien emprende un periplo sin precedentes pero también sobre sus riesgos, sobre el sentimiento de desgarro por lo que dejamos atrás.

    La dedicación se percibe en cada detalle desde la ilustración, de Simmon Said, pasando por el vestuario, hecho con telas africanas que reproducen vestuario musulmán del siglo XVIII y XIX, hasta la música cedida por el compositor viguésEduardo Soutullo. El estreno ha sido posible gracias a la colaboración del AECID, la Embajada de España en Jordania, el Instituto Cervantes, Casa Árabe y teatro4m, la compañía de Marco Magoa. «La historia de Ibn Battuta es la historia del ser humano intentando descubrir quien es», reflexiona el artista. Una firme apuesta por la cultura como vehículo para viajar hacia lo diferente, promoviendo el interés y respeto a las distintas tradiciones, sólo para acabar reconociéndonos en los otros.

    Ni los gusanos

    ‘Un país que encierra a sus artistas es un país muerto donde no crecen ni los gusanos.’ Es una frase de la obra que Magoa repite con insistencia durante la entrevista con EL MUNDO como ejemplo para comparar los tiempos de Ibn Battuta y la actualidad. «Una de las cosas que sorprende es el arte. Cuando Ibn Battuta llega a China, se encuentra un país prolífero para el arte y que contrasta con noticias como la detención de artistas en la actualidad», retrata Magoa.

    Este viaje que emprende Ibn Battuta, que pone sobre papel el poeta granadino Ibn Yuzayy, conecta con el director teatral, con la gente que vive fuera y con aquellos que vienen a Europa. «Hay muchos motivos para emprender un viaje y uno es la curiosidad, que es lo que mueve a Ibn Battuta. Hablar de él es tan importante porque pese a ser del siglo XIV es un hombre muy respetuoso y muy curioso con las culturas distintas. Y él va abierto a descubrirse en los demás. Y qué curioso que después de 600 años, cuando la gente viaja más que nunca, nos cueste tanto reconocernos en los demás.»

    ‘Todos somos viajeros’, afirma un personaje al final de la función. Y es que la obra también es un homenaje a la gente que no puede viajar, afirma Magoa. «Esas personas también son viajeros porque viajan a través de sus sueños, de sus esperanzas, de sus ilusiones.» Para seguir soñando, Marco Magoa tiene más cartuchos que quemar en Octubre, con la presentación de su libro en Jordania el próximo día 8 y la actuación del monólogo de ese libro MARE NOSTRUM. FINIS SOMNIA VESTRA en Ammán el día 11. Para terminar en este país, hará un taller de poesía para adultos en el campamento de Zaatari, donde seguirá transmitiendo a quien más lo necesita la esperanza que reside en los versos.

    Artículo publicado en EL MUNDO.

  • El alto precio de la dignidad en el punto más bajo de la tierra

    El alto precio de la dignidad en el punto más bajo de la tierra

    Cientos de egipcios sobreviven en precarios chamizos construidos para trabajar en los invernaderos del Valle del Jordán, que nutre de verduras y hortalizas al Reino Hachemita. Durante la temporada invernal, obtienen un permiso de trabajo que les permite ahorrar al mes 180 euros que envían a Sohag, la capital egipcia de la pobreza. Son la mano de obra barata que trabaja de sol a sol en uno de los países, Jordania, que más refugiados alberga de Oriente Medio y que debe combatir la influencia externa del fanatismo y el descontento social emergente dentro de sus fronteras.

    Laila M. Rey | Valle del Jordán, Jordania

    Fotografía: Isidro Serrano Selva

    El valle del Jordán, un hervidero de sueños

    A sólo 50 kilómetros al oeste de la ciudad de Ammán, entre los huertos diseminados por los pueblos de Deir Alla y en el corazón del Valle del Jordán, chabolas hechas de cartón, plástico y hojas de palma se erigen a lo largo de la carretera principal. Cientos de jornaleros, mayoritariamente egipcios, viajan cada año hasta allí para ser la mano de obra barata en invernadores que surten de verduras el mercado central de la capital jordana.

    El valle, también conocido como Al Ghor en árabe, rodea las aguas saladas y estancadas del Mar Muerto, el punto más bajo de la tierra. El aire apenas fluye y se vuelve denso a medida que el coche desciende por la ladera en dirección al paso fronterizo de King Hussein. Avanzando hacia el norte en paralelo a la frontera que separa Jordania de Israel llegamos a Almo’adi Aljadedah, donde cientos de invernaderos surgen a ambos lados de la calzada, semejantes a los que dominan amplias superficies de Almería.

    Con una temperatura media de 30 grados en verano, el calor es asfixiante. Pero el lugar es también un hervidero de sueños: el hogar de miles de refugiados palestinos que hace décadas encontraron allí la forma de sobrellevar el exilio y desde donde cada día vislumbran a lo lejos el territorio al que desearían volver, la tierra histórica de Palestina, a tan sólo 8 kilómetros de distancia.

    Los campamentos de cartón

    Las chabolas son una reminiscencia de los asentamientos precarios o slums que rodean El Cario. Construidas con sus propias manos, las estructuras se sostienen con materias primas que se encuentran alrededor de las granjas: cartón, plástico, tuberías de riego y bolsas vacías de fertilizantes. En la superficie, láminas de madera contrachapada rellenan puertas y techos.

    El costo de construcción de este tipo de viviendas alcanza los 200 dinares -unos 230 euros- divididos entre la media docena que suele ocupar el espacio. La ropa cuelga de las paredes acartonadas, entre las cuelas los egipcios hacen su vida diaria cuando no están trabajando: toman té, preparan tortilla con pimiento verde, fuman narguile y charlan sobre las personas que les esperan a las orillas del Nilo.

    Los campamentos carecen de los servicios más básicos como la electricidad, que consiguen gracias a un sistema de cables conectados entre las casas y tiendas de comestibles cercanas. Sólo la electricidad cuesta alrededor de 25 euros al mes. El agua se compra y se almacena en contenedores. Los trabajadores han excavado un sistema de alcantarillado primitivo, que se puede apreciar alrededor de las casas.

    Sohag, la capital egipcia de la pobreza

    Aunque los sirios han empezado a llegar a estas tierras en busca de trabajo, son los egipcios, habituados a los efectos del hambre, los que se quedan cuando el sol no da tregua. Reciben dinero sólo por las horas trabajadas cada día, en torno al dinar o dinar y medio la hora. La mayoría proceden de la localidad egipcia de Sohag, también conocida como la capital de la pobreza. Situada a 475 kilómetros al Sur de El Cairo, muchos de sus habitantes malviven: junto a las localidades de Assiut y Menya, todas ubicadas en el Alto Egipto, albergan el 82% del total de los pueblos más pobres del país, según el informe de Desarrollo Humano sobre Egipto del 2010.

    “Vivimos aquí porque es el lugar más cercano a los invernaderos”, cuenta Salim, egipcio de Sohag de 32 años y padre de tres hijos. Está solo. Sus compañeros de trabajo han vuelto a Egipto ante la proximidad del ramadán. “He dejado a mi familia en Egipto para darles una vida mejor. Nuestra rutina es todo lo que ves: dormir, trabajar y comer lo que se pueda“, relata mientras prepara en un pequeño hornillo el café turco mañanero.

    “Apenas consigo ahorrar 150 dinares -175 euros- para enviárselo a mi mujer. La mitad de lo que ganamos se va en los gastos diarios”, se lamenta. Luego esboza una sonrisa cálida. “Alhamdulilah (gracias a Dios en árabe) hoy mismo vuelvo a Egipto. Hace meses que no veo a mis hijos.”

    El negocio del intermediario

    La llegada a Jordania de estos jornaleros está regularizada. Una oficina de contratación se encarga de recoger el número de jornaleros que necesita cada propietario de cultivos, entre 15 y 20 trabajadores, dependiendo del tamaño de las tierras. Un intermediario será el garante de que cada trabajador permanezca sólo el tiempo estimado a cambio de una cantidad de dinero.

    Una vez la oficina de contratación recibe las fotocopias de los pasaportes, la documentación es enviada al Ministerio de trabajo en Jordania, gracias a la cual se expiden los visados especiales para residir en el país durante un periodo máximo de 6 meses –de Noviembre a Mayo- que es lo que suele durar la estación de hortalizas, especialmente de tomates.

    Un país de refugiados

    La llegada durante los últimos 5 años de millón y medio de sirios a Jordania por culpa de la guerra, según ACNUR, ha sacudido el inestable equilibrio económico y social del país, ya de por sí desbordado por el número de refugiados iraquíes y palestinos que se exiliaron hace décadas en un territorio con escasos recursos naturales.

    El rey Abdullah de Jordania expresaba, el pasado 4 de Febrero, su preocupación ante la falta de apoyos por parte de la Comunidad Internacional para manejar el gran flujo de refugiados, que amenaza el mercado laboral de sus nacionales que ven cómo los sirios, que tienen prohibido trabajar en el país, aceptan salarios irrisorios y trabajan más horas para poder mantener a sus familias. A la inestabilidad social se suma también la amenaza a la seguridad.

    El fanatismo del Daesh busca aumentar su influencia en el país aprovechándose de la insatisfacción ciudadana. Sin embargo, lejos de los cantos de sirena del islamismo más radical que culpa de todo a Occidente, los egipcios como Salim invierten su sudor en los invernaderos del Valle del Jordán, aceptando vivir en condiciones míseras para ganar dignamente el sustento de cada día.

  • La frontera entre la vida y la muerte

    La frontera entre la vida y la muerte

    Miles de refugiados se agolpan en la zona desmilitarizada entre Jordania y Siria huyendo de la guerra. Aunque el Derecho Internacional Humanitario lo prohíbe, los hospitales siguen siendo claros objetivos militares.

    Lo que devastó el futuro del joven Abdulá no fueron los suicidas que se inmolaron en un teatro en París, por eso nadie conoce su historia. A Abdulá, y a miles como él, la desgracia no le citó en suelo francés, donde quizá todavía conservaría la pierna derecha. Mientras que el peor atentado en Europa puede acabar con decenas de inocentes en el acto, los supervivientes pueden ser tratados inmediatamente por sus servicios de emergencia. Pero en Siria, los hospitales son también objetivos de guerra y allí donde piensas que van a salvarte pueden arrebatarte la vida.

    Abdulá, de 20 años, se encontraba hace ocho meses en su casa de Siria, en una ciudad llamada Jasim. Antes de la guerra era el distrito comercial de Izra’ y contaba con 45.000 habitantes. Su vida transcurría con normalidad junto a sus padres y sus ocho hermanos, con todos los servicios vitales cubiertos. Pero después de cuatro años de violencia, de Jasim apenas queda ya nada. Cuando el misil alcanzó la casa de Abdulá y le cercenó la pierna, el hospital más cercano para tratar sus heridas se encontraba en otro país. Abdulá despertó inconsciente en el hospital de Médicos sin Fronteras (MSF) de la ciudad de Ramtha, al norte de Jordania y a solo cinco kilómetros de la frontera con Siria. Un lugar seguro con servicios médicos de calidad garantizados. Sin embargo, MSF ha sufrido durante los últimos meses lo peor de la guerra: sus instalaciones han sido bombardeadas en Afganistán, Yemen y Siria. Aunque el Derecho Internacional Humanitario lo prohíbe, los hospitales siguen siendo claros objetivos militares.

    Una larga recuperación.

    Abdulá se recupera ahora en el hospital que Médicos sin Fronteras ha montado en el campamento de Zaatari, a 13 kilómetros de la frontera siria. Allí van a parar los heridos de guerra que necesitan una larga recuperación. “Quería ser ingeniero eléctrico, pero nunca pude ir a la universidad porque mi ciudad quedó destruida desde el principio del conflicto en 2011”, explica Abdulá desde su silla de ruedas. El hospital de Médicos sin Fronteras en Zaatari cuenta con 40 camas disponibles para la llegada de pacientes del hospital de Ramtha. Los heridos como Abdulá atraviesan en condiciones de emergencia el cruce de Tal-Shihab, el acceso más cercano y directo a Jordania. Solo aquellos cuya vida corre serio peligro pueden cruzar por allí. Ninguno de los familiares del joven pudo acompañarle hasta el hospital donde despertó.

    “Cuando abrí los ojos estaba rodeado de gente extraña. En el hospital de Ramtha permanecí un día y luego me trasladaron aquí, donde recibo rehabilitación para empezar a moverme mientras espero mi prótesis”, añade mientras fuma un cigarro. En el campamento de refugiados de Zaatari la vida transcurre lenta y pesarosa. Los pacientes como Abdulá permanecen dentro del recinto de MSF durante meses, ajenos al bullicio de los niños que juegan justo delante, donde se encuentra un colegio regentado por Unicef.

    Tormento físico y mental

    Los gritos de los chavales jugando en los recreos contrastan con el ánimo de los heridos. Los primeros días son los peores. El cuerpo tiene todavía que acostumbrarse a la mutilación. El tratamiento es doloroso. Los internos están acostumbrados ya al grito atormentado. “Es mejor que les duela ahora y no durante toda la vida”, explica un miembro del equipo médico.

    “Lo peor es la salud mental. A veces se ponen en contacto con nosotros familiares de las víctimas que están ya en el campamento y la compañía les reconforta”, relata Ahmad Al Salman, fisioterapeuta jordano. No es el caso de Abdulá: “Quiero volver a Siria porque mis padres y mis hermanos siguen allí”, afirma convencido. Decenas de sirios regresan cada día desde el campamento de Zaatari a su país porque su situación económica en Jordania es insostenible.

    Para volver a ver a sus familiares Abdulá solo tiene una opción: regresar a lo que queda de su ciudad natal, Jasim. Que sus allegados hagan el recorrido inverso es largo, costoso y peligroso. La frontera más cercana a la provincia de Deraa está cerrada desde que fuerzas opositoras se la arrebataran al régimen sirio. Solo los heridos pueden entrar por allí con la aprobación de las autoridades jordanas. La única entrada posible para los civiles, el checkpoint de Rukban, se encuentra a decenas de kilómetros, en el sureste de Siria.

    De conseguir alcanzarlo se encontrarían a 12.000 refugiados más que esperan en la zona desmilitarizada entre Jordania y Siria, según denuncian organizaciones como Human Rights Watch o Acnur. Estos refugiados viven en pésimas condiciones, en una zona rocosa donde no hay agua, ni vegetación, ni sombra. Podrían pasar meses hasta que las autoridades jordanas abrieran las fronteras que mantienen cerradas, alegan, por motivos de seguridad. La familia de Abdulá tendría que esperar a la intemperie la llegada del invierno y sin la certeza de que lograrán cruzar. Por eso Abdulá lo tiene claro: prefiere volver sin una pierna a un país en guerra que hacer que su familia sufra semejante trayecto.  

    Artículo publicado en Tiempo de Hoy en Enero del 2016.